Las micorrizas arbusculares pueden establecer relaciones simbióticas con el 80% de los vegetales lo que supone aproximadamente 200.000 especies de plantas hospedadoras potenciales. Se sabe que surgieron hace unos 440 millones de años, en el periodo Ordovícico. Además, existen registros fósiles como el encontrado en Rhynie (Escocia) datado hace 408 millones de años. Debido a este origen tan antiguo cabría pensar que la diversidad de micorrizas sería enorme, pero nada más lejos de la realidad. Extrañamente solo se reconocen alrededor de 240 especies de micorrizas arbusculares dentro del orden Glomales.

El método clásico de clasificación se basa en las características morfológicas de las esporas (tamaño, color…) y es un problema porque no siempre las esporas se producen en unas condiciones que permitan su estandarización. En los últimos años esta clasificación tradicional se ha visto confrontada con las técnicas moleculares lo que ha revelado que esta diversidad de especies puede ser sensiblemente mayor. En el estado actual de la clasificación nos encontramos con un escenario en el que dentro de cada especie de micorriza arbuscular existe una formidable diversidad y es en esta situación en la que la determinación de la cepa deviene fundamental.

Cepa es la denominación del taxón de jerarquía inferior a la especie, que en el caso de las micorrizas arbusculares va a determinar la homogeneidad de nuestro hongo y va a ser garantía de su empleabilidad en los cultivos.

En el año 1996 las doctoras Cinta Calvet y Amelia Camprubi del Institut de Recerca i Tecnologies Agroalimentaries (IRTA) publicaron un estudio en la revista Horticultural Science centrado en el aislamiento de hongos micorrícicos. En él las autoras encontraron una especie que correspondía con Glomus intraradices en un campo de cítricos en la provincia de Tarragona. Ya desde este estudio demostraron que este hongo se distinguía del resto de los aislados por su mayor promoción del crecimiento tanto en naranjos como en mandarinos. Por su potencial, este hongo fue depositado en el Banco Europeo de Glomales (BEG) con el número de referencia 72. Fue entonces cuando esta cepa quedó determinada como BEG 72.

La taxonomía del reino hongo y especialmente la que afecta a la división Glomeromycota donde se encuadran las micorrizas ha ido modificándose. El ejemplo más típico lo encontramos precisamente en el género Glomus que pasó a llamarse Rizhophagus y actualmente Rhizoglomus. No obstante, y aunque los nombres específicos cambien, siempre permanece como determinante el nombre de la cepa, que se refiere al organismo depositado en el BEG.

Han pasado más de 20 años desde el estudio del aislamiento de la cepa BEG 72 y desde entonces se ha ido ampliando el conocimiento que tenemos de ella. En este tiempo se ha podido desarrollar el conocimiento que tenemos de ella. Esto ha sido posible gracias a la colaboración con grupos de investigación tanto nacionales; integrados en el IRTA, CSIC, Universitat des Illes Baleares, Universidad de Navarra, entre otros, como internacionales; de la Universitá della Tuscia, Universitá di Napoli Federico II o la University of Strathclyde.

Estos estudios científicos han permitido comprobar la versatilidad de nuestra cepa. Los ensayos llevados a cabo abarcan los más diversos cultivos. Una lista que incluye las especies más comunes de interés alimentario como alcachofa, alfalfa, alubia, calabacín, cebada, cebolla, cítricos, frutales de hueso, lechuga, maíz, melón, papaya, pimiento, puerro, romero, tomate, trigo y vid. Asimismo también hay estudios de la cepa BEG 72 con otras plantas de interés farmacéutico como lo es el Aloe o incluso para la producción de biomasa con aplicación en biocombustibles como la caña común, Arundo donax.

De esta manera podemos afirmar que Rhizoglomus irregulare BEG72 es una de las cepas de micorriza más conocidas y estudiadas. Debido a la extensa literatura científica que evalúa sus capacidades de promoción del crecimiento de las plantas podemos asegurar su consistencia garantizando su eficacia. Tiene un crecimiento muy dinámico y asegura una absorción eficiente de nutrientes del suelo.

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